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“Una de cada dos vacas que paren en el tambo puede tener hígado graso”

Para que el período de transición sea exitoso será clave enfocar el manejo a un eficiente consumo de materia seca, a la vez de controlar enfermedades metabólicas, cetosis, hipocalcemia y el confort animal.

 

 

 

Escribe Santiago García.

Médico veterinario *

 

El período de transición de las vacas lecheras es el tiempo comprendido entre las tres semanas previas al parto y las tres semanas posteriores al mismo.

Actualmente, se considera que el período de transición se inicia desde el momento del secado.

Este período ha sido (y continúa siendo) ampliamente estudiado ya que es un momento sumamente importante debido a una serie de cambios hormonales, nutricionales y conductuales que colocan a las vacas en un estado de suma vulnerabilidad. Esto las predispone a sufrir las principales enfermedades del período fresco como son: hipocalcemia, retención de placenta, metritis, cetosis y desplazamiento de abomaso además de aumentar el riesgo de descartes.

Es durante este período, más precisamente luego del parto, que la vaca entra en un desbalance energético: a pesar de que los requerimientos se triplican, la capacidad de consumo lleva más tiempo en recuperarse y las vacas no logran cubrir sus requerimientos de mantenimiento y producción de leche por lo que comienza a utilizar reservas corporales como fuente de energía y proteína.

A este desbalance se lo denomina Balance Energético Negativo y es un proceso que no se puede evitar, pero sí se debe buscar atenuarlo.

El período de transición también es sumamente importante porque es el momento en que se definirá la lactancia futura de la vaca recién parida, tanto a nivel productivo como reproductivo.

Para que este período sea exitoso (altos consumos de materia seca, alta producción, baja prevalencia de enfermedades y temprano inicio reproductivo) se debe enfocar el manejo en 3 puntos claves:

  • Consumo de materia seca.
  • Control de enfermedades metabólicas.
  • Cetosis, hipocalcemia y confort.

El Consumo de materia seca (CMS) es un factor muy importante a tener en cuenta, considerando los consumos objetivos para cada etapa (secas: 13-15kgMS; preparto: 11-13kgMS; frescas: 22-24kgMS.

Si estos consumos son menores, las vacas movilizan reservas corporales para cumplir con sus requerimientos, principalmente a través del tejido adiposo.

 

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Las grasas son movilizadas como AGNEs (Ácidos Grasos No Esterificados) llegan al hígado y mediante una serie de procesos de oxidación son devueltos a la sangre como cuerpos cetónicos donde la mayoría de los tejidos los puede utilizar como fuente de energía.

Si bien este proceso es natural y normal puede existir la aparición de enfermedad cuando la movilización grasa excede la capacidad de oxidación del hígado llevando a que este almacene grasa en los hepatocitos provocando un hígado graso que puede traer consecuencias devastadoras.

 

Datos estratégicos

La frecuencia de esta enfermedad es muy alta (estudios internacionales muestran una prevalencia de hasta un 50%).  Es decir, una de cada dos vacas que paren, pueden tener hígado graso.

Es aquí donde la utilización de drogas específicas para el tratamiento y/o prevención del Hígado graso cobran importancia.

El Ácido fenoxi-2-metil-2propiónico (HEPAGEN) es el único fibrato del mercado veterinario, que actúa a nivel intracelular, uniéndose al ADN del hepatocito y regulando la expresión genética de diferentes genes que intervienen en el metabolismo de los lípidos.

Reduciendo de esta manera la acumulación de grasa hepática y mejorando de forma sustancial el rendimiento productivo y reproductivo.

 

Cabe aclarar que esta adaptación de utilizar reservas propias para la obtención de energía favorece la utilización de glucosa (escasa en el período post-parto) por parte de los sistemas no dependientes de receptores de glucosa como SNC, sistema inmune y la glándula mamaria.

 

Control de cetosis

El mismo se lleva a cabo mediante la formulación de dietas acordes a los requerimientos energéticos y proteicos para cada etapa y a través de un monitoreo de los consumos y remanentes. Objetivamente se puede medir la prevalencia de cetosis en un rodeo fresco a través de una prueba a campo midiendo BHB (Betahdroxibutirato, uno de los principales cuerpos cetónicos junto con acetato y acetoacetona) en sangre, orina o leche siendo la primera la considerada como prueba de oro. Esta medición debe realizarse entre los 7 y 14 días post-parto y el punto de corte será entre 1 y 1,4mEq/L dependiendo del autor que se tome. Valores mayores a estos indicará un exceso de movilización grasa con el riesgo de la aparición de cetosis, inmunodepresión, menor producción y menores tasas reproductivas.

Durante el período preparto también se puede monitorear objetivamente la movilización grasa y por lo tanto el status energético del rodeo, a través de la medición de AGNEs en sangre de vacas o vaquillonas que se encuentren entre 7 y 14 días previos a la fecha probable de parto.

 

Hipocalcemia y confort

Es otra de las principales enfermedades metabólicas que debe ser controlada ya que la aparición de esta (tanto clínica como subclínica) trae consecuencias a varios niveles ya que el Ca es un mineral esencial para la contractilidad muscular tanto de músculo esquelético, como liso y en sistema inmune favoreciendo la adherencia de las células de la inflamación (principalmente neutrófilos) a los vasos sanguíneos.

Una disminución en la concentración de Ca sanguíneo (también un hecho inevitable) trae consecuencias en el tracto digestivo por disminución en la contractilidad, aumento de prevalencia de enfermedades infecciosas por disminución de la función inmune y un descenso de las tasas reproductivas ya que la contractilidad del útero también se ve afectada.

Para controlar la hipocalcemia es necesario incorporar alguna de las estrategias más difundidas: dietas aniónicas y dietas bajas en Ca.

En caso de que se opte por dietas aniónicas, se recomienda el monitoreo de la misma a través de la medición de pH urinario.

Por último, pero no menos importante, el confort es un punto clave para que tanto el CMS como el control de enfermedades metabólicas sean exitosos.

Con confort nos referimos a zonas aptas para descanso, libre acceso a comederos (tener en cuenta espacio por vaca, CMS, accesos), agrupamiento por lactancia (vacas vs vaquillonas), sombras y libre acceso a agua de calidad.

 

Conclusión

El período de transición es un momento donde existen cambios devastadores para las vacas lecheras y donde nos debemos enfocar en atenuar el BEN, asegurar adecuados CMS de dietas balanceadas para cada etapa y disminuir la aparición de enfermedades tanto metabólicas como infecciosas para disminuir el riesgo de rechazo, aumentar producción y lograr buenas tasas reproductivas lo que se traduce en mayor rentabilidad del negocio.

 

* El autor de este artículo es el coordinador del programa de salud y nutrición en el periodo de transición en rodeos lecheros de APSAVET

 

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