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OPINIONES EN PRIMERA PERSONA

“Los honorarios deben generarse sobre la mejora que aporta nuestro asesoramiento”

Luciano Farisano. “Si tenés 75% de preñez y pasás a 90% todo lo que hagas para concretar esa mejora es una inversión muy rentable”.

Luciano Farisano. “Si tenés 75% de preñez y pasás a 90% todo lo que hagas para concretar esa mejora es una inversión muy rentable”.

Luciano Farisano, co-fundador de El Retorno Agroveterinaria, contempla siempre la faceta empresarial de la producción ganadera en su visión sobre la actividad profesional.

Facundo Sonatti
facundo@motivar.com.ar

Luciano Farisano (42) descubrió que quería ser veterinario con solo cinco años, cuando el MV Fernando Sánchez Acosta visitaba el campo de su familia en Ranchos.
El convencimiento fue tal que Farisano cursó la Carrera, prácticamente, dos veces. “En 1998 fui a estudiar a la Universidad Nacional de La Plata, donde tras años de no lograr aprobar Anatomía Descriptiva debido a un conflicto con la titular de la Cátedra, en diciembre de 2003, decidí cerrar esta etapa. Gracias al incondicional apoyo de mis padres, decidí volver a empezar en la FCV de Tandil y lograr allí mi tan anhelado título y proyecto de vida. Este hecho se concretó en 2010, cuando tenía 30 años”, resume la peripecia el ahora socio fundador de El Retorno Agroveterinaria, en un mano a mano con MOTIVAR.
La compañía que fundó hace más de una década con su hermano, el también MV Matías Farisano (38), está en franca expansión, a punto tal que duplicarán su superficie cubierta, sumando 250 metros cuadrados a su sede en Ranchos, Buenos Aires.
“La cartera de clientes que logramos nos permitió crecer a través de un proceso simbiótico porque venimos a aportar algo diferente y ellos entendieron lo que le queríamos ofrecer”, resume Farisano la filosofía de la firma que atiende hasta 10.000 vientres y, sólo en inseminaciones, alcanzó las 4.500 el año pasado.

El evangelizador

Juntos, a la par. Los hermanos Matías y Luciano Farisano en Ranchos, Buenos Aires.

Juntos, a la par. Los hermanos Matías y Luciano Farisano en Ranchos, Buenos Aires.

“Nuestros honorarios no tienen que resultar un peso para el productor, sino que se tienen generar a partir de la mejora que aportamos con el asesoramiento”, dispara Luciano Farisano y lo ilustra en un ejemplo: “Si tenés 75% de preñez y pasás a 90% todo lo que hagas para concretar esa mejora es una inversión muy rentable, cada punto eleva el retorno, al mismo tiempo que diluye el costo del veterinario”.
Asimismo, el profesional que también sumó expertise a través de una capacitación de dos años en Managemet financiero en Materia Biz, reconoce que esto no siempre es sencillo de lograr: “En los primeros años como asesor, los clientes se ponían sus propios límites, con excusas como que aquel que invierte lo hace porque no vive del campo… o si le proponíamos sembrar sorgo, lo veían como un gran gasto cuando en realidad es un costo que puede significar una inversión”, compara el fundador de El Retorno Agroveterinaria.
“El proceso de evangelización continúa porque si bien logramos pasar de casi cero a 4.500 inseminaciones por año en la zona, a veces se pierde el norte o el objetivo de la empresa agropecuaria”, reconoce el también productor, en diálogo con MOTIVAR.
“Cuando voy a la manga, tengo que hacer un análisis de los resultados obtenidos para evaluar los pasos a seguir, teniendo siempre una visión integral del negocio. Y eso lo traslado a nuestros clientes, a través de cuatro a seis charlas técnicas al año como una estrategia de fidelización”, explica Farisano un trabajo que muchas veces concreta a través de sus socios estratégicos: Teknal, VIA y Barbieri Agro.

Un crecimiento sostenido

La ligazón de los hermanos Farisano con el campo viene desde la cuna.
“Mi padre es Martillero y Corredor Público y siempre tuvimos un campito con vacas, además de haber pasado muchas jornadas en campos de amigos durante toda mi adolescencia”, rememora el mayor de los socios de El Retorno Agroveterinaria.
Ambos hicieron las primeras armas trabajando en otras empresas agropecuarias. Matías, tras recibirse en La Plata, atendió partos en Colman, para luego hacer una escala en Pergamino, donde trabajó en uno de los tambos de la familia Peluffo para terminar en Sacanta, Córdoba, en una empresa familiar con dos tambos.
Por su parte, el docente Roberto Rubio le dio la primera oportunidad a Luciano al ofrecerle trabajo en De la Garma. “Ambos decidimos apostar por algo propio y volvimos a Ranchos, donde el 16 de agosto de 2011 abrimos nuestra clínica veterinaria siempre con el apoyo de nuestros padres”, reconoce Farisano,
Y suma una anécdota: “El primer día, perdimos $50 porque todos los que entraban eran amigos que venían a tomar mate y eso es lo que costó la yerba”.
El Retorno Agroveterinaria pronto empezó a generar un flujo de fondos positivo que no sólo le permitió pagar la yerba sino también sostener un crecimiento orgánico.
“Muchos ayudaron, desde mi padre que nos cedió un terreno, hasta Eduardo Irasola de VIA. Así, pudimos crecer en las cuatro unidades de negocios que tenemos: el trabajo a campo, la farmacia, el área de nutrición y las soluciones para el agro”, resume uno de los hermanos que integra un equipo que también suma al MV, Mariano Carcano; un ex Teknal que se sumó a la empresa; el Ing. Agr. Pablo Sarandon, y dos colaboradores en la parte administrativa propiamente dicha.

Expectativa. El Retorno Agroveterinaria sigue invirtiendo, creciendo en superficie y sumando más servicios.

Expectativa. El Retorno Agroveterinaria sigue invirtiendo, creciendo en superficie y sumando más servicios.

Nuevos desafíos

“En los últimos tres años las veterinarias son un sector al que le fue muy bien”, asegura Farisano a MOTIVAR.
“En mi caso, siempre tuve una curva ascendente, invirtiendo y trabajando más allá de los gobiernos. Hoy, estamos sumando 250 metros cuadrados, duplicando la superficie con un acopio y logística para la distribución de nutrición animal sobre todo núcleos proteicos y vitamínicos”, adelanta el empresario.
“Me gusta mucho la pata comercial y por eso nos complementamos bien con mi hermano”, sostiene.
Y agrega: “Cuando hice mi residencia tenía claro que como asesor quería viajar y visitar establecimientos. Sin embargo, cuando abrimos la veterinaria noté que mi formación no encajaba con las demandas de nuestra zona por diversos motivos, desde la escala hasta la profesionalización, así que tuvimos que adaptarnos y empezamos ofreciendo servicios de urgencias clínicas y pudimos ir ingresando a los establecimientos para brindar un servicio integral”, explica el paso a paso de su crecimiento quien acaba de invertir en una balanza móvil y una mesa volteadora de terneros Farmquip.
En el futuro inmediato, los hermanos Farisano apuestan a seguir en la senda del crecimiento.
“Tengo muchas expectativas depositas en la alianza con Barbieri Agro y las soluciones para el agro, es algo a lo que voy a apuntar”, adelanta Luciano que también ya se prueba el traje de tutor en la Carrera de veterinaria de la Facultad de Tandil.

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